La historia de “El aceite de la viuda”. La Biblia dice: Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aun otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite. (2 Reyes 4:6, RVR1960).

1. Noten lo que dice la Palabra de Dios; Mientras hubo vasijas vacías para llenar, el milagroso chorro de aceite continuó, y sólo paro el chorro de aceite cuando ya no hubo más vasijas vacías que recibieran el aceite.

2. Noten también que el profeta no pronunció una sola palabra para detener el proceso multiplicador del aceite, y el Señor no puso límite al milagro de la abundancia del aceite. La viuda no se vio limitada por Dios; por el contrario, Dios le dio aceite ilimitadamente; la limitación llego porque ella no había hecho provisión de más vasijas vacías.

3. Ninguna persona, ni cosa en el universo entero detuvo la abundancia del aceite para la viuda. Sólo la ausencia de recipientes vacíos para guardar el aceite, detuvo el flujo del aceite. Las vasijas escasearon primero que la abundancia del aceite provista por Dios. Nosotros nos agotamos primero que el poder proveedor de Dios.

NUESTRAS CIRCUNSTANCIAS.

En tanto que tengamos necesidades, tendremos provisiones, y encontraremos que nuestras necesidades se agotan mucho antes que la abundancia divina.

1. En el desierto caía más maná del que las personas podían comer, y corría más agua de la que las personas podían beber, y mientras estuvieron en el desierto y necesitaron del maná y el agua, el cielo les otorgó.   

2. Cuando llegaron a Canaán y se alimentaron del fruto de la tierra, las provisiones especiales del cielo cesaron, pero sólo hasta el momento que la tierra produjo los alimentos. De la misma manera, también. El Señor Jesucristo  alimentará a Su pueblo hasta que no lo necesite más. Pero siempre que necesites la provisión de Dios y tengas vasijas vacías Dios no cerrara el chorro de bendiciones para tu vida. El chorro de bendiciones se cierra cuando tú ya no tienes vasijas vacías.

3. Una sola vasija derramo aceite.- La aparente fuente de suministro de la viuda, era tan sólo una vasija de aceite, que permaneció dando en abundancia mientras se ponía una vasija vacía debajo de ella. De la misma manera Dios continuará proveyendo cada día, hasta que la última vasija haya sido llena. Esa vasija que provee sin límite se llama Jesucristo, porque te ama, no por lo que tú eres.  

 4. Mas vasijas más aceite. Dios es infinitamente sabio, sabe que es mejor que algunos hombres sean pobres y no ricos; no podrían soportar la prosperidad, y por eso el aceite no fluye,   porque un talento que no pudiéramos recibir para un uso adecuado, sólo sería una maldición para nosotros, y por ello, el Señor no nos abruma esa bendición.

Tendremos todo lo que podamos absorber: todo lo que realmente necesitamos, todo lo que vayamos a emplear con seguridad para Su gloria, todo lo que ministre para nuestro más elevado bien, Dios lo verterá de Su plenitud inextinguible, y sólo cuando ve que los dones serían desperdiciados al convertirse en superfluas, o en responsabilidades abrumadoras, o en ocasiones de tentación, Él restringirá Su poder, y el aceite cesará. Puedes estar seguro que la bondad de Dios se mantendrá a la par de tu verdadera capacidad.

LA GRACIA SALVADORA

El Evangelio es como la vasija de aceite, rellena hasta el borde e inamovibles: el fariseo saciado, el que grita satisfecho consigo mismo, y el mundano arrogante son así. Para ellos, el milagro de la gracia no tiene un poder multiplicador, pues están listos a derramarse en cualquier momento.

1. El Cristo lleno es para pecadores vacíos, y únicamente para pecadores vacíos, y en tanto que haya un alma realmente vacía en una congregación, siempre habrá una bendición con la palabra. No es nuestro vacío, sino nuestro orgullo que cierra las salidas de la gracia inmerecida de Dios a nuestra vida.

 2. Me siento inepto para ser salvado. Dice un pecador, no estoy preparado. La verdad es; esas son solo excusas inteligentes para no traer su vasija vacía para que el Señor la llene. Tú estás evidentemente vacío, y, por lo tanto, hay espacio en ti, para el aceite de la gracia salvadora de Dios. Solo tienes que ponerte debajo del chorro de bendiciones de Dios y encontraras la salvación y Dios te dará un corazón de esperanza y prosperidad y serás un hombre o mujer bendecido y salvo del poder y las consecuencias del pecado.

3. Yo no siento absolutamente nada. Dice otro. Esto únicamente muestra cuán enteramente vacío estás, y en ti también, el aceite encontrará espacio para su fluir. Cuando una persona no siente nada es que no tiene nada, la vida te ha golpeado tanto, desde niño o niña que ya desarrollaste una piel dura y has llegado a la conclusión que nadie ni nada es digno de tu confianza y ya no sientes nada, es el momento de venir a Dios por fe y el llenara tu vida y volverás a ver la vida, a disfrutar y ver a Dios, necesitas poner tu vasija vacía debajo de la bendición de Dios.

4. Me he vuelto escéptico, dice un tercero.  “La incredulidad me ha endurecido como una roca.” En ti también hay gran capacidad de almacenamiento para la gracia de Dios. Sólo debes estar dispuesto a recibir de Dios. Solo debes permanecer como una vasija de aceite vacía, esperando que el aceite sea derramado del recipiente milagroso. Si el Señor ha puesto en ti el deseo de recibir, no tardará mucho tiempo en darte gracia sobre gracia.


MÁS BENDICONES ESPIRITUALES.

1. En Jesucristo habita toda plenitud, y, puesto que no necesita gracia para Sí, está almacenada en Él para brindarla a los creyentes. Los santos confiesan a una voz: “De su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.” El límite de Su bendición es nuestra capacidad de recibir, y ese límite con frecuencia está reducido por nuestras oraciones llenas de orgullo: “No tenemos lo que deseamos, porque no pedimos, o porque pedimos mal.” Si nuestros deseos estuvieran expandidos, nuestras raciones serían de mayor tamaño. Dejamos de traer vasijas vacías al altar de Dios y traemos resentimientos, peleas, dolores y arrogancia y por lo tanto, el aceite no fluye.

No agradecemos anticipadamente a Dios por su bendición, por el contrario nos quejamos que no tenemos, como excusa para no servir como instrumentos de su gloria y no recibimos porque no traemos nuestra vasija vacía,  traemos la justificación a lo que no hacemos.

Con frecuencia nuestra incredulidad limita a nuestro Dios. Nada obstaculiza tanto la gracia, como este vicio empobrecedor. “No hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.” La incredulidad declara que es imposible que salga más aceite de la vasija, y por lo tanto, se niega a traer más vasijas bajo pretexto de tenerle un miedo humilde a la presunción, robando así al alma y deshonrando al Señor.

a. Incredulidad ¡Secas las fuentes de bendición! ¡Qué deberíamos de hacer contigo, traidor mentiroso! ¿Qué carbones encendidos serán lo suficientemente voraces para ti, incredulidad perversa? Lamentamos que nuestro gozo haya partido, que nuestras gracias languidezcan, que nuestra utilidad esté restringida. ¿De quién es la culpa de todo esto? ¿Se ha acortado el Espíritu de Jehová? ¿Son estas Sus acciones? No, en verdad, nosotros mismos hemos tapado los manantiales del cielo. Que la infinita misericordia nos salve de nosotros mismos, y nos induzca a traer ahora “Vasijas vacías, no pocas.”

b. El orgullo tiene un horrible poder para cortar el suministro del aceite divinamente provisto. Cuando estamos de rodillas, no sentimos ninguna necesidad apremiante, ninguna escasez urgente, ningún peligro especial. Al contrario, nos sentimos ricos y con abundancia de bienes, y no necesitamos nada. ¿Nos sorprende, entonces, que no seamos refrescados y no sintamos deleite en hacer el ministerio de Dios? ¿No hemos oído decir al Señor: “Tráeme aún otras vasijas”? Y como hemos respondido: “No hay más vasijas,” ¿debería sorprendernos que el aceite cese? Que el Señor nos libre de la influencia abrasadora de la arrogancia. Convertirá a un Edén en un desierto.

 2. El Espíritu Santo se deleita en consolar a todo corazón hambriento, pero el alma llena desprecia el panal de Sus consuelos, y es abandonada a sí misma hasta que se está muriendo de hambre y clama pidiendo el pan celestial. Estemos seguros de esto, que hay abundancia de gracia que puede ser obtenida en tanto que tengamos hambre y sed de ella, y jamás un solo corazón dispuesto será forzado a clamar: “el aceite ha cesado,” mientras traiga una vasija vacía.


LOS PROPÓSITOS DE GRACIA EN EL MUNDO

1. La plenitud de la gracia. Los hombres no serán salvados jamás aparte de la expiación de nuestro Señor Jesús, pero el precio del rescate nunca será considerado insuficiente para redimir a las almas que confían en el Redentor.

2. Su intercesión a favor de aquellos que vienen a Dios por Él, tampoco dejará de prevalecer. Hasta la última hora en el tiempo, no se dirá nunca que un solo pecador buscó Su rostro en vano, o que al final fue encontrada una vasija vacía porque Jesús no pudo llenarla.

3. El poder del Espíritu Santo para convencer de pecado, para convertir, consolar y santificar, permanecerá siendo el mismo hasta el fin de la edad.

No se encontrará nunca un penitente que llore, que no sea alentado por Él con una esperanza viva, y conducido a Jesús para eterna salvación, ni se encontrará a ningún creyente que luche que no sea guiado por Él a una victoria cierta y total.

4. La iglesia de hoy es débil, y sus provisiones son muy inadecuadas para la empresa que le espera, sin embargo, así como muchas vasijas fueron llenadas de un solo recipiente de aceite, aun siendo mucho más grandes que él, así, por medio de Su pobre y despreciada iglesia, el Señor cumplirá sus poderosos designios y llenará el universo de alabanza, mediante la necedad de la predicación. No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. (Lucas 12:32, RVR1960)   Con esta garantía, los creyentes pueden salir valerosamente entre los paganos. Las naciones son vasijas vacías, y no son pocas; Dios ha bendecido nuestra tinaja de aceite, y todo lo que tenemos que hacer es verterla y continuar vertiéndola hasta que no haya ninguna otra vasija. Estamos muy lejos todavía de esa consumación. No todos son salvos en nuestras congregaciones; incluso en nuestras familias, muchos no son convertidos. Por tanto, no podemos decir: “No hay más vasijas,” y, bendito sea Dios, no debemos sospechar tampoco que cesará el aceite. Con entrega traigamos las vasijas vacías debajo del sagrado chorro, para que puedan ser llenadas.

6. La consumación.  No se encontrará ninguna vasija que necesite ser llenada a lo largo de todo el universo, y entonces el aceite de la misericordia cesará de fluir, y la justicia tendrá sola su juicio. Ay de los impíos en aquel día, pues entonces las vasijas vacías serán rotas en pedazos; como no recibieron el aceite del amor, cada una de ellas será llena del vino de la ira. Que la gracia infinita nos preserve a cada uno de nosotros de esta terrible condenación. Amen. join;function