Estamos celebrando la semana santa. Una semana que marco los eventos más importantes para nosotros el pueblo de Dios. La semana en que Jesús fue entregado por nosotros y resucito.  Los judíos están celebrando la Pascua. 

¿Qué es la Pascua? 

La Pascua se estableció por Dios cuando el pueblo de Israel estaba en Egipto.  Ellos eran un pueblo esclavo y oprimido. Abusado.  No tenían derechos y para los egipcios eran posesiones, no personas.    Clamaron a Dios que los libere y Dios oyó su clamor. Dios intervino.   Jehová envió a Moisés a sacar al pueblo de Egipto y llevarlos a la tierra prometida.  El único problema era que Faraón, el rey de Egipto no estaba listo o dispuesto para dejar ir a Israel.  Claro, los israelitas eran sus trabajadores, sus siervos.  Eran sus esclavos y sus obreros que trabajaban gratis.  Por eso Dios envió 9 plagas para persuadir a Faraón a dejar ir al pueblo, pero el corazón de Faraón estaba tan duro que no cedió.  Entonces Dios envió la décima plaga.  Pero antes, dio instrucciones a su pueblo.  El los preparo para lo que venía. 

Dios le dijo al pueblo que escojan un cordero. Cada familia debía escoger un cordero.  Este cordero debía ser sin defecto y les dice que lo sacrifiquen.  Les pide que pongan la sangre del cordero sobre los dos postes y el dintel de las casas.  Les dice que cubran la entrada de sus casas mientras ellos y sus familias están dentro. 

Éxodo 12:12 y 13 dice: Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias, y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo, Jehová. 13 “La sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; veré la sangre y pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. (RVR1995)

Dios Quería Liberar a su Pueblo

Dios quería salvarlos, pero solo los iba a salvar por medio de la sangre del cordero.  Para ser salvos tenían que creer en Dios y creer en el poder de la sangre.  Tenían que creer que la sangre cubriría sus hogares y los salvaría.  Tenía que haber obediencia y acción.  Tenían que hacer lo que Dios les pedía en la manera en que Dios lo pedía. 

La biblia nos dice que el pueblo de Dios obedeció y fue liberado.  Dios protegió los hogares de los que tenían sus puertas cubiertas con la sangre del cordero.  Dios protegió a sus primogénitos.  Esta plaga no los toco.   Poco después de esto el Faraón los dejo ir de Egipto. 

Israel Estaba Sufriendo, Estaba Cautivo y Dios Intervino. 

Dios intervino porque ama a su pueblo.  Hermanos, Dios siempre interviene por su pueblo.  Él nos ama y por eso interviene.  Recuerde esto.

Sabemos que todo esto es simbólico de lo que hizo Jesús por nosotros.  Él se entregó a sí mismo, como cordero de Dios.  Él fue sin mancha, ya que no peco. Él es perfecto y se entregó en una cruz por nuestros pecados.  El derramo su sangre y por esa sangre nosotros podemos ser salvos.

Mire, al igual que Israel nosotros también éramos esclavos.  ¿De qué?  Éramos esclavos del pecado.  Tratando de vivir guiados por nuestros deseos y pasiones.  Muchas veces deseos egoístas.  Sin reconocer al Dios verdadero.  Estábamos separados de Dios.  Pero una vez más Dios intervino. El intervino por nosotros porque nos ama. Envió a su hijo unigénito.  A Jesús, el cordero perfecto de Dios.  Envió a Jesús para ser crucificado. Jesús fue entregado por nosotros.  El derramo su sangre en la cruz para que nosotros tengamos perdón de nuestros pecados.  Por esa sangre derramada podemos ser salvos.   Como dice aquella preciosa alabanza hay poder en la sangre del cordero de Dios. La biblia lo dice así:  

18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que produce vida. Romanos 5:18 (RVR1995)

Por el pecado de Adán todos somos pecadores, pero por el sacrificio de Cristo Jesús somos salvos.  Su sangre nos limpia, nos rescata. 

Al igual que en Egipto no era suficiente creer en Dios.   El pueblo tenía que tomar acción.  Tenía que obedecer. Tenían que cubrir sus puertas con la sangre del cordero. 

Para nosotros no es suficiente creer que hay un Dios, o aun que Dios envió a su hijo por nosotros.   Muchos creen en Dios. Tenemos que aceptar a Cristo Jesús como nuestro Salvador personal.  Tenemos que pedir perdón por nuestros pecados y permitir que la sangre de Jesús nos limpie de nuestros pecados.  Solo así somos salvos.  Solo así seremos libres de las ataduras del pecado.  Solo así podremos llegar a Dios.  Ese fue el plan de redención de Dios.  Eso es lo que celebramos y debemos recordar esta semana y siempre. 

Por eso Vino Jesús al Mundo, Para Salvar al Mundo. 

Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.  Juan 3:17 (RVR1995)

Dios nos ama tanto que quiere salvarnos.  Todo fue por amor.  Dios aun nos ama.  Pero la decisión siempre ha sido nuestra.    

Ahora mismo estamos experimentando una gran plaga.  Necesitamos la protección de Dios.  Necesitamos la protección de Dios sobre nuestras familia y hogares.  Necesitamos cubrir nuestros hogares con la sangre del cordero.  Necesitamos juntarnos como familia y orar al padre. Si ya le hemos entregado nuestra vida nos toca esperar en el literalmente en casa, en lo que esta plaga pasa.  Si no lo hemos aceptado como Salvador, ahora es el tiempo.  Dios nos puede proteger y salvar de esta plaga, pero él está más interesado en salvar nuestra alma. Esta plaga es temporal.  Dios desea salvarnos para pasar la eternidad con él.  Hable con Dios, pídale perdón por sus pecados.  Confié en él. 

Hermanos, si tenemos a Cristo lo tenemos todo.  Si tenemos a Cristo no estamos solos, ni desamparados.   Necesitamos creer en Dios, confiar en que él nos protegerá y nos liberará de esta plaga.  Y no lo hará porque somos buenos, o porque lo merecemos.  Lo hará porque nos ama.  El intervendrá por su pueblo porque nos ama.  Porque somos sus hijos.  Es tiempo de darle gracias.  Decirle, padre estoy aquí por ti, porque me amaste.  Porque diste a tu hijo por mí.  Porque me amaste tanto, yo viviré por ti.  Viviré para darte la Gloria y honra que solo tú te mereces.  No tenías que hacerlo, pero así de grande es tu amor.  Celebro que tú eres el Vencedor, ni la muerte te pudo vencer.  Gloria a Ti.  Gracias por amarme.  Es por tu amor y por tu sacrificio que mi vida tiene sentido.  No importa lo que venga estoy Seguro en ti.  Tu eres mi salvación, tu eres mi seguridad.  Tu sangre me protegerá a mí y a mi casa.